
SINOPSIS
La Fibra en Alma es un documental en cuatro episodios acerca del encuentro de dos saberes, el de la trepa tradicional y el de la más tecnificada, en pos de la recolección del kapok.
Pero este encuentro fue solo el inicio de algo más grande. Así como los mismos árboles de ceibo y su fibra vegetal, esta es la historia de otro tesoro al descubierto, aquel que entrelaza vocación, afectos y fortaleza para el trabajo.
LA FIBRA EN ALMA
Una de las características de este país de enorme diversidad es que no nos conocemos entre compatriotas. Por eso, cuando confluyen prácticas y culturas diversas en intereses comunes, sucede la magia.
Texto: Ana Luisa Burga @ana_lu_bd
Fotografías: Carolina Ugarte @carougartefoto
Eso pasó cuando un fabricante peruano de equipos de protección contra caídas tuvo acceso a la historia de don Ausberto Suárez, quien —con 79 años— trepaba a los inmensos ceibos de su comunidad, con el fin de cosechar la fibra, llamada kapok. A los ceibos, cuyo nombre científico es Ceiba trischistandra, don Ausberto los llama Tunshos.
El kapok antes se usaba sobre todo para rellenar colchones, pero hace algún tiempo viene siendo puesto en valor (Conceiba) y utilizado por diseñadoras de modas, como Sumy Kujon o Susan Wagner, en sus creaciones (hermosas, por cierto) que ahora se pasean por el mundo entero (Neofibers).
Don Ausberto ha sido el receptor y transmisor de esta técnica milenaria. No en vano se lo conoce como el guardián del bosque. Varias generaciones han aprendido, a partir de él, a trepar altazo con una soga de cabuya amarrada a sus cinturas y con los pies descalzos.
Cuando vio ese registro, el fabricante detectó una necesidad y, al mismo tiempo, quiso abrazar a don Ausberto, felicitarlo. Le conmovió. Le hizo pensar en su padre y en sus propios inicios. Una persona avezada, valiente y con pocos recursos e implementos le había tocado el corazón. A la vez, ahora tenía la posibilidad de hacerle la vida más fácil y más segura a ese increíble señor, a sus hijos, y a los hijos de sus hijos... con un equipo profesional y especialmente diseñado para su actividad.
En Lima, entonces, un buen grupo de gente (Hauk, TVSAC) se dedicó a pensar en la mejor forma (y la más económica) de subirse a los ceibos, recolectar el kapok, transportarlo... Una vez diseñados los sistemas y fabricados los equipos, partió una comitiva rumbo a Bolívar, en la búsqueda de don Ausberto.
Las personas que disfrutaron de esta increíble aventura, en su mayoría limeños, se quedaron más que impresionados por la calidez, generosidad y belleza de este lugar cajamarquino. En medio de paisajes que deben parecerse al paraíso, conocieron finalmente a don Ausberto, a quien se sumaron la señora Bertha, con su miel tan rica, el fabuloso Ayrton y su facilidad innata para trepar, la amable Chelita y sus tejidos, el profe Alfredo, con hartos conocimientos y siempre atento a las necesidades de su comunidad, además de quesos, quesillos, limas, comida deliciosa…
Así como los eslabones de una cadena de producción que involucra armónicamente a quienes recolectan la fibra de ceibo, a quienes la comercializan y a quienes la usan, los visitantes y los locales, de manera natural, demostraron su interés por aprender, por enseñar. Por trabajar juntos, en suma. Además, es obvio que todos saben que, para comercializar esta seda natural más allá de nuestras fronteras, es necesario modernizar su recolección con técnicas de arborismo para así llegar a los estándares de seguridad que se requieren para ello.
Fue entonces que se probaron los equipos in situ. Se enseñó el método de trepa ya ideado. Los hombres y mujeres aprendieron rápido y se asombraron de poder tener las manos libres mientras estaban suspendidos. Se instaló también una tirolina (zip line) que, además de ser disfrutada por personas de todos los géneros y edades, mostró la facilidad que significaba para el transporte de la fibra una vez cosechada.
Todo fue registrado. La mirada desde lo alto de los árboles, los amaneceres, la noche, la vía láctea desde este lugar privilegiado, las personas, los encuentros, las risas, el asombro, la chamba compartida, el poder de esta fibra, las potencialidades de Bolívar, de muchos lugares recónditos del Perú, los aprendizajes, los agradecimientos, los paisajes, los hasta pronto. Todo eso alimentó lo que ahora es La Fibra en Alma, que en cuatro episodios nos deja un sabor muy dulce en el corazón.
Todos los implementos se quedaron en Bolívar, ¡claro! A cargo de las personas que ya sabían utilizarlos y a disposición de cualquier imprevisto comunal que pudiese requerir cuerdas o mosquetones.
Emocionante esta aventura, este encuentro de saberes.
En un país partido, incluso da esperanza.
GALERÍA
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